Dos nombres, para una historia de amor de más de medio siglo La historia de Julia y Catalino  Ella, de nombre Julia; él, Catalino. Ella apenas contaba con 18 años, él ya pisaba los 29. El primer encuentro, fue en una reunión de campo, donde en una mirada disimulada, Julia y Catalino, se empezaron a conocer. La primera esquela que Catalino envió a Julia, llegó escondida en el sombrero del tío Ceferino.
Los siguiente encuentros, que no fueron muchos, se produjeron cuando ambos bajaron al pueblo, a vender sus verduras en el Mercado Municipal.
No conocieron una cita, puesto que Julia, era una niña celosamente cuidada por sus padres postizos, los tíos Ruperta y Ruperto, a quienes era muy difícil sacarles un permiso para una salida.
Para poder verse, siempre estuvieron a la espera de un acontecimiento muy importante dentro de la familia, como un “bautizo”, un casamiento o un velorio. En este último caso, siempre había más posibilidades, porque se amanecía jugando a la lotería, al truco o a la taba, y además, se rezaba nueve noches seguidas. En medio de tantos movimientos, Julia y Catalino, se la ingeniaban para hacerse un guiño o cruzarse con una mirada cómplice.
Cuando Catalino pudo juntar todo el coraje necesario, se presentó a la tía Ruperta a pedir la mano de Julia. Ésta, con los nervios de punta, espiaba escondida en la otra pieza.
Ese mismo día se comprometieron, y fijaron fecha de casamiento para ¡el mes siguiente!..
El día del casorio llovió, hizo frío y hubo tormentas, pero Julia y Catalino no se dieron cuenta. Se bailó toda la noche, y en el barro. ¡Que importaba los golpes, habiendo tanta felicidad!..
Las comadres lloraban por la niña Julia que se iba, pero Catalino era un buen candidato. ¡Era cabo de la policía!..
Empezaron a pasar los años, y comenzaron a llegar los hijos. Después las nueras y los yernos, y por últimos los nietos. Estos últimos, llenaron de cariño la vida de la abuela Julia, y domaron al abuelo y duro policía.
Julia y Catalino: Dos nombres, para una historia de amor que cumplió 50 años. Ella de apenas 68 años; él pisando los 79
Nadie sabe más que ellos, que un hogar no se compra. ¡Se construye!..
Caminaron tomados de la mano ¡medio siglo!.. Pero no porque estuvieron siempre enamorados, sino para salvar miles de escollos y afrontar lo que les deparó la vida.
Las bodas de oro, los sorprendió rodeados de cariños, besos y mucha emoción.
RUBEN LOETTIDomingo, 02 de enero de 2011
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