La Pluma y el Sentimiento
Cuando un amigo se va...

Dijo un poeta, que “cuando un amigo se va, queda un espacio vacío”, pero cuando ese amigo tiene todas las cualidades que tuvo “Chanchín” Yaya, también queda una herida, muchas veces, difícil de cicatrizar.
Yo, que lo conocí tanto y de alguna manera, compartí el trabajo en común, aunque del lado opuesto del mostrador, me dolió mucho su partida; por su juventud y por la calidad de persona.
“Chanchín” era un ser transparente y bastante inocente. Cualquier cuento o chiste, lo festejaba con una carcajada interminablemente larga y sonora.
Nuestra amistad tuvo su comienzo en la cancha de fútbol de salón del Club Barraca, cuando integró el equipo “San José”, donde fue campeón y figura del torneo. Por entonces, apenas pasaba los 10 años, pero en su categoría ya había empezado a sobresalir.
Su papá era un jugador retirado, y fue su guía y su mayor admirador. Lo llevaba por todos los potreros donde picaba una pelota. Él viejo Yaya, se deleitaba verlo a “Chanchín” gambeteando y haciendo goles. Dicen que en una oportunidad, lo sacó de una matineé del Cine Teatro Opera, para hacerlo debutar en una final contra Guaraní, con apenas 12 años.
Rubén “Chanchín” Yaya, fue un amigo que disfrutó de casi todas las cosas lindas de la vida, pero lo hizo a las apuradas. Formó un hogar ejemplar, se destacó en el fútbol, aunque lo abandonó muy joven, y vivió frenéticamente el ritmo de Zum Zum, uno de sus amores.
El paso de “Chanchín” por la vida, fue muy breve, y por ser tan breve, fue dos veces bueno. Dios lo quiso así.
RUBEN LOETTI rubenloetti@yahoo.com
Miércoles, 21 de Julio de 2010 |