03772 425777 contacto@confluenciafm.com.ar
 
 
Splash 92.7
  Marcelo Urruchua
  Próximo programa:
Bienvenidos al Treen - 22:00
 
 
Estas de acuerdo con que los padres paguen multas por disturbios de sus hijos?
1- De acuerdo
2- No me parece
3- No me preocupa
 
Cómo mantener viva una relación a distancia
Cómo hablar de sexo con tu mujer
Candice: la nueva cara de Victorias Secrets
Diesta del restó...
Para que tu pareja dure más...
¿Tu pareja tiene un amante?
La pastilla azul para ellas?
Test del enojo
Chi Kung para ser mejor amante
Cómo enfrentar la rebeldía adolescente
dieta milagrosa de los cinco días
Vitaminas para "ayudar" a ellos en el amor
Mas placer para las mujeres
Como se atraen las almas gemelas?
Mas placer para las mujeres
Masajes para revivir la pasión
La Pluma y el Sentimiento

Don Simón Ocampo, fabricante de acordes

Golpeé las manos y el dueño de casa, Don Simón, me hizo pasar a su taller, a una fábrica atípica, adonde en el primer vistazo, se veía un acordeón desarmado, un fuelle de cartón, un balancín y una máquina de agujerear, entre un montón de elementos más, para mí, desconocidos.


Ese extraño taller, es el mundo de don Simón Ocampo, el único y el último fabricante de Acordeones artesanales.

Pasó gran parte de su infancia viendo y oyendo tocar el Acordeón a su padre, don Flaviano Ocampo, un hombre raro que no quería que Simón aprendiera, porque entendía que, como chamamecero, podía sufrir alguna discriminación. Cosas de algunos antiguos, hecho que lo obligaba a don Simón, a robarle el instrumento cuando dormía la siesta, aprendiendo así, a las apuradas y de oído, los compases de “Siete Higueras”, “La Caú” y “La Llorona”. Y cuando conseguía que, el viejo le preste, rápidamente y en lengua Guaraní, le pedía que le devuelva el Acordeón, diciéndole “erú cachapé te potí”.

Por ese entonces, don Simón Ocampo, tenía tan solo 8 años y ya sentía pasión por la música. El ser fabricante de Acordeones, surgió casi por accidente. Sucedió en Buenos Aires, cuando en una oportunidad, ensayando con “Paquito” Aranda, se le salió de tono el suyo, por lo que tuvo que llevarlo a un entendido para que lo afine. Mientras le hacían el trabajo, don Simón observaba y pensaba para sí, “si éste lo hace, yo también lo puedo hacer”. Al llegar a su casa con el instrumento ya arreglado, lo desarma por completo y trabajando con una lima, se da cuenta como levantar y bajar el sonido.

Al principio, se dedicó a afinar los Acordeones de los amigos, pero como casi todos los instrumentos venían con el fuelle deteriorado, los desarmaba para cambiarlos. De esta manera, fue descubriendo todos los secretos que tenía un Acordeón, hasta que se animó a fabricarlos y en forma artesanal.

El primer Acordeón que fabricó, no le dejó un buen recuerdo, porque cuando realizó la primera prueba, el instrumento roncaba, silbaba y soplaba.

El segundo Acordeón, funcionó a la perfección y fue su dueño, nada menos, Cirilo Benítez, quien aún lo conserva como compañero de Escenario en los últimos 40 años.

También hubo un Acordeón que nunca nació; fue el de Ernesto Montiel, porque en ese entonces la matriceria que tenía, era para fabricar de tres hileras, y “el Señor del Chamamé”, tocaba con un Instrumento Especial de cuatro hileras; pero le hacía las afinaciones.

La cantidad de instrumentos nacidos en su taller, no los puede precisar, pero se cuentan por miles en más de 40 años de trabajo. A medida que fueron naciendo, se fueron perfeccionando, tanto en su estructura como en su delicado mecanismo.

Para crear una criatura de este tipo (un Acordeón), se necesita mas o menos unas 400 horas.

Entre sus clientes se pueden contar interpretes de la talla de Raulito Barboza, los Hermanos Cardozos, Monchito Merlo, Juancito Guenaga y nada menos que Antoñito Tarrago Ros, a quién le fabricó un acordeón con una madera de cien años de estacionamiento y considerado una verdadera obra de arte.

Don Simón Ocampo: Un fabricante de acordes.

Aunque nunca vivió en familia, la vida le dio dos hijos; Itati y Alejandro Miguel. En su taller atípico, me presentó a Miguel, nacido de un amor de soltero.

También me presentó otro hijo, hecho de cuerina, cartón, acero, celuloide y mucho amor, de nombre Acordeón.

Era un deleite ver a este último ser, de color oscuro donde sobresalía La Lira, el Símbolo de la Música Universal, dibujada en Nácar por su creador, don Simón Ocampo.

Le solicité unos acordes, pero don Simón me contestó con una sonrisa, como diciendo “ya no estoy para estos trotes”.

Cuando ya abandonaba su taller atípico, Miguel, él hijo de carne y hueso, a modo de despedida, me daba un apretón en la mano.

Cuando llegué a la calle, el otro hijo, el Acordeón, también a modo de despedida, me daba un apretón, pero en el corazón, haciéndome llegar el llanto, del chamamé “la Llorona”.

Tan grande y tan tímido, don Simón Ocampo, el Fabricante de acordes.

RUBEN LOETTI
rubenloetti@yahoo.com.ar


Lunes, 19 de Julio de 2010


 


Volver


 
1- Que será de ti
Thalia
2- Guapa
Diego Torres
3- Soy feliz
Ricardo Montaner
4- Se apago la llama
Chino Y Nacho
5- Cuando Me Enamoro
Enrique Iglesias
6- Me enamore de ti
Chayanne
7- Lo que mata
La franela
8- Te siento
Wisin y Yandel
9- Mientes
Camila
10- Creer
Marcela Morelo
11- Si tu te vás
Thian
12- Lagrimas Del Mar
Luis Fonsi
13- El doctorado
Tony Dize
14- Gitana
Shakira
15- Bad romance
Lady Gaga
 
LUGARES TÍPICOS DE LIBRES
CULTURA
CARNAVAL
 
Se terminó el guiso
El guiso, el sabor de la vida
El guiso del encuentro
Tomas Demorfilio Soto
Cuando un amigo se va...
Juancito Miño, amigo del corazón
Don Simón Ocampo, fabricante de acordes
“YIYÍ” Mongiat, Cuando un amigo se va
La Biblia, el código de los códigos
CARLITOS GARDEL, Donde estaba Dios cuando te fuiste
 
 
 
 
 


© confluenciafm.com.ar 2008. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. Diseño y Desarrollo: chamigonet.com.ar