La Pluma y el Sentimiento
La Biblia, el código de los códigos

La Biblia es la colección de libros sagrados que la Iglesia reconoce como escrito bajo la inspiración de Dios. De hecho, significa que no es una obra común y corriente, ni siquiera un Best-Seller.
Es mucho más que eso: es un texto que se publicó en dos mil trescientos idiomas y sus páginas abarcan miles de años de historias que hablan de los anales del cielo, de la tierra y del género humano.
En su primera página, esta obra cuenta el principio de los tiempos y el de las cosas. En la última página, el fin de las cosas y los tiempos. Comienza con el Génesis y termina con el Apocalipsis. Se supone que un noventa por ciento de la población mundial lo tiene al alcance de la mano, por lo que se deduce que casi todas las bibliotecas, museos y hogares del planeta, cuentan con un ejemplar. Por semana, se distribuye un promedio de un millón de tomos. Es decir, que a través de los tiempos, se habrá producido incontables miles de millones de ejemplares. ¿Quién puede dudar que es un libro sin igual?..
Pero cabe otra pregunta: ¿Quién realmente escribió este libro? Según antiquísimos testimonios, La Biblia fue redactada por Dios durante un periodo de mil seiscientos años, y escrita por hombres de diferentes épocas, condiciones sociales y profesionales como, agricultores, pescadores, pastores. También profetas, jueces, reyes, algunos de poco estudio, casi analfabetos. De esto se deduce que estos “escritores” o “autores”, estaban inspirado, no por su genio particular, sino por Dios mismo. Es decir, que la Biblia no solo contiene la palabra de Jehová, sino que es la misma palabra de Dios.
Quizás, el que sobresalió algo de este grupo de “escritores”, fue Lucas, un médico de la época. Ahora, ¿Quién tiene el derecho de autor de La Biblia? Yo, como Católico Apostólico Romano, tengo mi respuesta: esta obra pertenece al mayor literato e historiador del Universo: un tal Jehová, más conocido por Dios, el que en definitiva, dictó letra por letra y número por número, lo manifestado en esta publicación.
Dicho de otra manera, La Biblia es un texto escrito por los hombres, pero dictado por Dios, donde nos habla de la creación de los cielos, las estrellas, la tierra, y de Adán y Eva, la primera pareja humana que cometió el pecado de desobediencia. Pero ¿qué otro fundamentos fidedigno hay para asegurar que la dictó el Altísimo y la escribieron los hombres? Los que la documentaron fueron hombres débiles, viviendo en pueblos paganos, envueltos en fantasías mitológicas. Seres con poco estudio que fueron “movidos por una inspiración divina y no por su genio particular. La armonía en las ideas fundamentales, solo puede salir de alguien con conocimientos muy profundos o elevados. Teniendo en cuenta la poca instrucción de los “escritores” terrícolas, no queda otra que aceptar la acción de Dios, el gran Arquitecto del Universo.
Hay muchas otras pruebas muy concluyentes al respecto. Entre ellas, la Biblia demostró exactitud desde el punto de vista científico, aunque no es un libro de ciencia. Pero hay unos datos que nadie puede refutar: cuando en un tiempo lejano existían ideas equivocadas sobre la forma de la tierra, la Biblia ya indicaba que tenía forma de círculo o esfera, a través de Isaías, uno de los “escritores” de Dios, en el capítulo 40, versículo 22. Además, el libro sagrado también afirmaba que nuestro planeta colgaba de “la nada”. Cuando Cristóbal Colón organizaba su viaje que lo llevaría a descubrir América, se discutía y se temía que los barcos en algún momento caerían al vacio como en una catarata.
La Biblia es un libro de profecías, donde muchas de las cuales ya se han cumplido. Veamos algunos ejemplos: un profeta que vivió más de setecientos años antes de Cristo, dejó escrito que Dios predijo la destrucción de Babilonia. Pero además, explicó como sucedería y el nombre del rey que llevaría a cabo este acontecimiento de nombre Ciro, un guerrero que aún no había llegado a la vida.
Con estos pocos ejemplos, hasta el ser más desorientado de la tierra se puede acercar a la Biblia y comenzar a caminar por el camino de la Fe, la Esperanza y la Caridad, tres virtudes teologales. Los adivinos no existen ni existirán, solo Dios puede predecir el futuro, como lo ha demostrado en cada capítulo del libro sagrado. Y solo un autor intelectual como Jehová, puede ilustrar con tal veracidad y autoridad los orígenes del mundo en que vivimos. ¿Queda alguna duda que este testamento sagrado fue escrito por Altísimo? Al los terrícolas nos queda una sola posibilidad: rogar para que en el apocalipsis, los buenos hijos disfruten de un planeta tierra convertido en un paraíso, ese que perdimos cuando Adán y Eva desobedecieron la ley de Dios y sus mandamientos.
RUBEN LOETTI
Martes, 13 de Julio de 2010 |